Recuerdo de una deriva
La memoria es un fenómeno extraño. Podría decirse que, entre las funciones más antiguas, fue la última en recibir un nombre. Pero desde el inicio estuvo ahí, latente, como una intención sin lenguaje, formándose en los campos dispersos que antecedieron a las primeras partículas y a las ondas que, más tarde, darían lugar a todo lo demás. En ese momento, tú no existías, pero el hidrógeno que habita en tu sangre intuyó la forma oscura que después llamaríamos luz. Reinaba un silencio salpicado de vibraciones cósmicas que aún no se cuestionaban su velocidad. No tiene sentido que te preguntes qué había antes de eso, porque ni la memoria en su estado más incipiente podría responderlo. Ni yo. Ni nadie. Solo podemos conformarnos con imaginar una explosión al azar que lo determinó todo y que hizo posible que tú y yo estemos teniendo esta conversación. Cuando la mezcla de gases calientes formó los primeros soles, tampoco existía el acto de recordar, pero algo empezaba a an...