Ocupación: 419
Todos los días se despertaba antes del amanecer. Le gustaba subir a la terraza del último piso para mirar el sol aparecer, y sentir ese primer calorcito de la mañana que le ayudaría a programar el termostato interno de su piel para el resto de la jornada. Desde que tenía memoria había sido madrugadora. Prolongaba su ayuno lo más posible, y se dedicaba a estudiar por una hora, para luego pasarse por el gimnasio de la torre que compartía con otras 420 personas. Un edificio descomunal, si es que podía llamársele de esa manera. Vivir ahí, era como vivir en un crucero gigante. La gente encontraba todo lo que necesitaba, y la línea entre lo habitable y todo lo demás, se desdibujaba ante las formas de usar sus múltiples lugares. Como ciudadanos de una nación vertical sostenida en sí misma por puentes y pasajes, terminaron perdiendo el interés en salir y cuando lo hacían, regresaban pronto a ese paisaje sin identidad. Fuera, el territorio estaba salpicad...